La química detrás de Cupido

Por: M. C. María Fernanda Valerio Rodríguez

“Y es que el amor no necesita ser entendido,

simplemente necesita ser demostrado.”

Paulo Coelho

 

Según la mitología romana, Cupido es el hijo de Venus (diosa de la belleza) y Marte (dios de la guerra). Su nombre significa deseos, ansias o pasión y según la historia antigua su madre, Venus, le regaló un arco y flechas con dos puntas, una de oro para conceder el amor y una de plomo para difundir ingratitud y odio. Así mismo, como parte de sus dones se le concedió que todo ser vivo fuera susceptible a sus flechas [1].

En épocas actuales, el mes de febrero es un mes donde nos sentimos especialmente románticos. Es común escuchar a las personas decir que el amor está en el aire. De alguna forma, todos esperamos que las famosas flechas de Cupido acierten en el blanco y den justo en el corazón de la persona que roba nuestros pensamientos. Es cierto que, en algún momento de nuestra vida, todos hemos experimentado esas famosas mariposas en el estómago cuando esa persona especial toma nuestra mano, pero… ¿Será este el efecto de la flecha de Cupido que acertó su trayectoria? o ¿Será que en nuestro cuerpo ocurre algo más que magia?

Si nos adentramos un poco en el mundo de la química será más sencillo encontrar una explicación a todas estas sensaciones extrañas que ocurren en nuestro cuerpo cuando hemos caído bajo el hechizo de Cupido. Si bien es relativamente sencillo encontrar información confiable sobre el asunto, les recomiendo ampliamente el libro Lust and Love. Is it More Than Chemistry? Este les será de gran utilidad si es que desean intensificar su investigación sobre este fascinante tema [2].

Para comenzar es importante mencionar que, según los estudiosos relacionados con el tema del comportamiento amoroso, nuestro sistema neuronal primario cuenta con al menos 3 sistemas emoción-motivación interrelacionados para cuestiones de apareamiento, reproducción y la crianza de los hijos. Estos sistemas se conocen como: deseo sexual (lujuria), atracción y cariño o acoplamiento [3].

En la primera parte, el deseo sexual está mayormente relacionado con las ansias de recibir una gratificación sexual. ¿Quién no ha experimentado esa sensación que ocurre cuando estamos perdidos en nuestros pensamientos y de pronto se cruza por nuestros ojos un Adonis o una Afrodita en persona? Esta sensación es de lo más normal e importante, pues si bien puede terminar en una sola noche también puede ser el factor que inicie un hermoso romance en pareja. ¿De qué dependerá? En gran medida de la acción de los estrógenos (hormonas sexuales principalmente femeninas) y de los andrógenos (hormonas sexuales masculinas). Ambas hormonas responsables de iniciar toda esta locura llamada amor….

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Una vez que estas hormonas iniciaron la fiesta y nosotros pasamos toda la noche hablando con nuestro ligue, la moneda se ha echado al aire. Ahora entra en juego el sistema de atracción, mismo cuya fuerza también depende en gran medida de estímulos externos como belleza, tema de conversación, intereses afines, etc. Estos factores son los que nos hacen llegar a lo que conocemos como estar enamorados. Esta etapa se caracteriza por el hecho de que estamos felices todo el tiempo. En este justo momento no podemos dejar de pensar en esa persona y el anhelo por lograr una unión emocional con la potencial pareja se incrementa. ¿Adivinen quienes son los responsables de hacernos flotar en el aire? Sé que muchos de nosotros ya le pusimos nombre a la o al responsable de tanta felicidad. Sin embargo, permítanme presentarles a los dos grandes aliados con los que contamos para enamorar a nuestro crush… La dopamina (neurotransmisor que participa en la regulación de las emociones, la afectividad, la conducta motora y en adicción a drogas) y la norepinefrina (puede actuar como hormona y como neurotransmisor, incrementando en muchas ocasiones la frecuencia cardiaca). El aumento en los niveles de ambas nos hace que no podamos sacar de nuestra cabeza la imagen de ese hermoso ser y que nos suden las manos y se acelere nuestro corazón con tan solo acercarnos un poco. Pero esto no queda ahí, a la par de este proceso también disminuyen nuestros niveles de serotonina (neurotransmisor asociado con la regulación del comportamiento exterior del individuo) y esta es la razón por la cual tenemos problemas para conciliar el sueño, cambios de apetito y facilidad para la conducta sexual [4].

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Finalmente, durante la etapa de acoplamiento, tenemos más que nunca la necesidad de acariciar, apapachar y tener a nuestra pareja lo más cerca que se pueda. Desearíamos nunca dejar los brazos de nuestr@s amad@s. Es este amor compañero que nos llena de calma, seguridad y unión emocional. ¿Piensan que esto se debe únicamente a que no hay brazos más cómodos y reconfortantes que los de el/ella? ¡Pues noooo! Esos abrazos que desearíamos fueran infinitos nos hacen sentir en un sueño debido a la presencia de unas pequeñas proteínas que funcionan como neurotransmisores llamadas, neuropéptidos. Estos juegan un papel vital en la regulación del sueño, las emociones, la recompensa, el dolor y la analgesia y el aprendizaje. Dentro de los neuropéptidos, la oxitocina, funciona como una hormona que modula comportamientos sentimentales, sexuales y la conducta parental. Cabe destacar que, en el caso de las mujeres, esta hormona se libera en grandes cantidades después de experimentar un orgasmo, por lo que está íntimamente relacionada con el placer y la creación de lazos emocionales. Por supuesto que no podríamos dejar de lado a la vasopresina, ya que es una hormona que de la mano de la oxitocina se asocia con la maternidad.

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¡Sorprendente! ¿Verdad? Creo que ahora queda más que claro porque es que no precisamos de las flechas de Cupido para que el amor nos haga sentir como locos. Siendo sinceros, ¿Quién no lo estaría viviendo con semejante remolino de moléculas y reacciones dentro de nosotros?

Ahora que ya sabemos un poco más sobre este hermoso proceso, ¡¡pueden darle las gracias a ese bello ser humano catalizador de semejantes maravillas bioquímicas!!

Esperando que esta información haya saciado un poco su curiosidad sobre el origen de lo que llamamos estar enamorados, les comparto una frase de una divulgadora fascinante que describe a la perfección mis sentimientos y los de todos aquellos que de alguna forma estamos enamorados de la química [5].

“Cuantos más conocimientos de química aprendo, más libre, afortunada e intensa siento mi existencia, más inapelable y feroz. Esta exploración es para mí un incansable paseo a la deriva en el que he aprendido a ver belleza en cada uno de sus recodos. He aprendido que la búsqueda de sentido es voluntad, que no es fin, sino deriva. Y la ciencia, a lo largo de ese paseo, me libera de los zapatos y me permite sentir cómo mis pies descalzos se hunden en la tierra”.

Deborah García Bello

¡Feliz día de los enamorados para todos nuestros amables lectores!

Bibliografía

[1] Mitologia.info, «Mitologia.info,» 2 Marzo 2018. [En línea]. Available: https://www.mitologia.info/cupido/. [Último acceso: 31 Enero 2020].
[2] G. Froböse y R. Froböse, Lust and Love: Is it more than chemistry?, RCS, 2006.
[3] H. E. Fisher, «Lust, attraction and attachment in mammalian reproduction,» Human Nature, vol. 9, pp. 23-52, 1998.
[4] H. E. Fisher, A. Aron, D. Mashek, H. Li y L. L. Browm, «Defining the brain systems of lust, romantic attraction, and attachment. Archives of Sexual Behavior,» Archives of Sexual Behavior, vol. 31, nº 5, pp. 413-419, 2002.
[5] D. García Bello, Todo es cuestión de química, PAIDOS, 2016.

 

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