México conCiencia

Autor: M.C. María Fernanda Valerio Rodríguez

Actualmente, la ciencia es un término que ha saltado a la luz pública. Hoy más que nunca, en México, las personas se cuestionan la importancia de destinar recursos a las áreas relacionadas con ciencia y tecnología. ¿Se debe o no, destinar presupuesto a la ciencia y todas las instituciones que la realizan y/o difunden? Sin importar la corriente política de usted, apreciable lector, este artículo tiene la intención de exponerle cómo se vive la ciencia desde adentro de uno de sus más grandes centros de investigación, el  Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (CINVESTAV). Todo contado desde la perspectiva de una alumna de doctorado, su servidora.

Las personas que no se dedican a la ciencia o han decido no estudiar un posgrado, tal vez no se imaginen lo que representa y lo que implica (en todos los aspectos) ser y formar un maestro en ciencias o un doctor en ciencias.

En primer lugar, me parece de especial importancia destacar que estudiar una maestría a nivel investigación es una difícil decisión. No por falta de vocación, sino porque todos nos vemos bombardeados por personas que afirman que en México, la ciencia no tiene futuro, lo “bueno” está en el sector industrial. Somos acosados con frases como: “Uuuuuuuy no, para que estudias más, eso no te lo van a pagar”, “Así, menos vas a conseguir un empleo”, entre muchas otras. Esta situación es lamentable, es triste ver que la ciencia sea tan poco valorada y elegir ese camino incluso sea visto como un error.

Por otro lado, existe una penosa postura de algunos estudiantes que comentan que eligieron estudiar una maestría sólo “por la beca conacyt”. Esta también es una realidad de nuestro país, una que también me parece lamentable. Sin embargo, considero que en el trasfondo también se refleja lo rebajada que está la ciencia, ¡muchos la ven como la última opción!, como algo que hacer cuando “no hay más”. Definitivamente esto no debería de ser así, si en México se apreciara, se difundiera y se apoyara más a la ciencia pasarían dos cosas de impacto. Primeramente, las personas entenderían que es una carrera difícil, demandante, con muchas limitaciones, pero definitivamente gratificante y benéfica para el bien de la sociedad. Por otro lado, el apoyo permitiría que las personas con verdadera vocación pudieran desarrollar tecnología y empresas, ambas traducidas a la larga como empleos y crecimiento económico para el país.

En segundo lugar, no todas las personas lo saben, pero el CINVESTAV nos permite acceder a formación académica del más alto nivel sin costo alguno. Desde mi experiencia personal puedo confirmar que lo único que tuve que pagar para ser M. en C. fueron las fotos de mi título (aprox. $300). ¿Sorprendido? ¿Qué le parece esta situación? Sea cual sea su sentimiento déjeme expresarle el mío. Para empezar, yo provengo de un hogar de clase media, hice mis estudios en una universidad pública y créame que de no ser por la beca que recibí y por la existencia de un lugar como Cinvestav, hubiera sido muy difícil que yo pudiera costearme por mis propios medios (o los de mis padres) la formación que recibí para obtener la maestría. Si esto hubiera sucedido, una egresada de ingeniería con amor y pasión por la investigación y promedio de 9.9, hubiera visto truncados sus sueños. Su deseo de contribuir al desarrollo científico del país hubiera quedado escondido quizá detrás de un escritorio de oficina. Actualmente, nuevamente esta institución y el apoyo que recibo mes con mes (beca Conacyt), me permiten seguir mis estudios de doctorado. Le garantizo que mi caso no es para nada único ni especial, podría asegurar que casi todos pasamos por situaciones similares. Ahora le pregunto, ¿Podría siquiera imaginar la cantidad de personas de bajos o escasos recursos que se han visto beneficiados por estas instituciones y sus programas de apoyo a la ciencia?

Pues bien, todo lo anteriormente expuesto resultaría prácticamente imposible si no se les asignan o si se disminuyen los recursos a estas instituciones. Considere que si a pesar de todos estos apoyos, México no es una potencia mundial en investigación, qué pasaría si se reduce o incluso se retiran los apoyos financieros.

A pesar de lo que muchos piensen, la mayoría de las personas que conozco que se encuentran realizando estudios de posgrado en esta institución son personas entregadas a la ciencia, amantes de lo que hacen y con un ferviente deseo por retribuirle a México lo gastado en su formación académica, desean que esta sea una verdadera inversión altamente redituable para el país. No todos somos vividores o personas que queremos “sacarle” dinero al gobierno. Si aún tiene dudas, le ruego que se tome el tiempo de visitar un centro de investigación, el que tenga a su alcance. Vea los laboratorios, los equipos que se tienen, el personal que los tiene que operar (ya que son equipo especializados y delicados), los investigadores (que la mayor parte del tiempo llegan antes y se van después que todos, incluso los alumnos) y cada uno de los alumnos que pasa el día inmerso en sus respectivos temas de tesis, tratando de obtener resultados que aporten algo de verdadero impacto social. Como es de esperarse, todo esto requiere dinero, mucho.

Finalmente, créame que la incertidumbre que existe en lo relacionado a la ciencia y los apoyos a la misma también nos afectan a nosotros, los estudiantes. No es sencillo tener dudas sobre que será de nosotros una vez que obtengamos nuestros respectivos grados, en mi caso doctorado. ¿Será que encontraré una institución donde pueda desempeñarme como profesor-investigador?, ¿podré acceder a convocatorias para obtener recursos que me permitan equipar mi laboratorio como joven investigadora?, ¿podré tener un lugar adecuado para formar a los futuros ingenieros, maestros y/o doctores del país?

Es triste escuchar comentarios de personas que consideran que la única opción para poder desempeñar nuestra labor de forma adecuada es emigrar al extranjero. Sinceramente no los culpo, es totalmente comprensible. Para ser investigador se requiere de infraestructura, convenios y convocatorias, mismos que de no existir hacen prácticamente imposible esta labor. Si esto llegara a suceder, nuevamente México experimentaría “fuga de talentos” y por ende, el desarrollo científico y tecnológico disminuiría sustancialmente. Cosa que no sería para nada benéfica, pero ya es otro tema aparte.

Expuesto todo lo anterior, dejo a su consideración la respuesta a la pregunta planteada al inicio. Reitero mi postura política neutra y agradezco profundamente que se haya tomado el tiempo de leerme.

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